Cálido. La palabra perfecta para
describir aquel suave contacto de los rayos del sol con su blanquecina piel.
Cerró los ojos para concentrarse aún más en lo que para él era una dulce
sensación. No pudo evitar sonreír al abrir los ojos nuevamente para observar
los rayos dorados que iluminaban el cielo de una manera tan radiante. Era sin
duda alguna algo realmente hermoso.
"Oh!" Exclamó
sorprendido al ver algo flotar cerca de su rostro. Al retroceder un poco, se
dio cuenta de que aquello no era otra cosa más que una mariposa. La criatura
volaba suave y silenciosamente en el aire siguiendo un camino invisible para
ella. Sus colores negro y dorado parecían brillar ante sus ojos, dándole un
aspecto extraordinario.
"Tan hermosa." Pensó al extender su mano hacia la pequeña
criatura. Curiosamente, la mariposa decidió posarse sobre unos de sus finos
dedos. La acercó a su rostro con cuidado para poder observar los pequeños
detalles que poseía la pequeña monarca.
Quedó fascinado ante tan delicada
criatura. Lucía tan pequeña y frágil que hasta parecía que la más leve brisa
podría afectarla. Aquel pensamiento provocó en él un ligero sentimiento de
tristeza. Hoy vuelas libremente por los aires pero, ¿qué harás cuando llegue el
invierno? De seguro regresarás a tu hogar.
Hogar. Esa palabra siempre le
hacía sentirse un tanto melancólico. Sacudió un poco la cabeza tratando de
alejar esos pensamientos. No quería ponerse triste en un día tan hermoso.
Sonrió ligeramente pero no salió tan sincera como lo hubiera querido. Cómo si
se hubiera dado cuenta de ello, la mariposa abandonó su dedo y voló cerca de su
rostro unos segundos antes de volar en otra dirección. Su mirada la siguió
hasta que ésta se perdió entre unos árboles.
No sabía porque pero ahora
caminaba en la misma dirección por donde había desaparecido la pequeña
criatura. Tras esos árboles encontró muchos árboles más y al seguir avanzando,
descubrió muchos más. Al parecer se encontraba dentro de una especie de bosque.
Aun así siguió caminando, guiado por la curiosidad de saber lo que encontraría
adentro.
Perdió toda noción del tiempo al
adentrarse aún más en el lugar. Su mirada se perdía por todos los rincones de
aquella naturaleza tan rebosante de vida. El hermoso paisaje le regresó la
sonrisa que momentos antes había perdido. Sin poder resistirse más, empezó a
correr por el escenario, disfrutando de la brisa que chocaba con su cuerpo en
movimiento. Se detuvo cuando llegó a un inmenso árbol en medio del bosque.
Respiró profundo para recuperar
el aliento perdido y sintiéndose un poco cansado por su previa carrera, decidió
descansar un rato bajo la sombra de aquel inmenso árbol. Se sentó en el suelo y
permitió que sus ojos se cerraran un momento. El fresco oxigeno que respiraba
le brindaba una paz como jamás había sentido. No era extraño que con tanta
tranquilidad a su alrededor, su ser decidiera quedarse dormido. Y eso fue
exactamente lo que ocurrió.
No supo por cuánto tiempo se
había quedado dormido. Cuando despertó, se sintió sorprendido al ver que la
radiante naturaleza se había vuelto completamente blanca. Se levantó del suelo
para poder observar mejor el cambio que había dado aquel lugar. Los árboles,
observó, habían perdido todas sus hojas. Las plantas, el suelo, se encontraban cubiertos
por una capa de nieve blanca.
Al alzar la mirada al cielo, fue
capaz de apreciar pequeños destellos blancos que caían de la misma. Estiró su
mano y dejó que los copos de nieve cayeran en ella. Sonrió al sentir el
contacto gélido de los copos contra su piel. No le molestaba el frío. En cierta
forma, ya estaba acostumbrado a él.
Avanzó unos pasos por aquel lugar
hasta que un peculiar aroma lo hizo detenerse. Bajó la mirada y notó que estaba
en medio de un enorme charco rojo.
Despertó de aquel sueño con la
respiración agitada y con un ligero dolor en el pecho. Observó a su alrededor y
se dio cuenta de que estaba en su habitación. Respiró profundamente tratando de
calmarse. Cuando lo logró, se levantó de la cama y caminó hasta la ventana.
Abrió un poco la cortina pero la soltó casi de inmediato al darse cuenta de que
era de día. Sonrió con amargura para sí mismo.
"Otra hermosa mañana que sólo en sueños podría ver."
Nadie más que él sabía cuánto odiaba la situación en la que estaba. Tener que
pasar toda tu vida en las sombras sin poder disfrutar ni un sólo minuto de los
rayos del sol. La única forma en la que podía hacerlo era a través de sus
sueños. Sólo en sus sueños podía vivir de la forma en la que siempre había
deseado. Libre de aquella rara enfermedad que tanto le restringía. Obligándole
a vivir en las sombras debido a que su cuerpo no podía soportar los “intensos”
rayos del sol. ¿Por qué le había tocado vivir así? Era algo que jamás
entendería. Dejó salir un largo suspiro y se alejó de la ventana.
Regresó la mirada a la
semi-oscuridad de la habitación frente a él, su vista paseándose por cada
rincón de ella. Sin importar cuantas veces despertaba en ese mismo lugar, todo
seguía siendo tan desconocido para él. Como tantas otras veces, decidió
explorar las cosas de aquel sitio. Total, ya estaba despierto y las ganas de
dormir habían desaparecido por completo de su ser.
Caminó hasta una de las esquinas
de la habitación donde se encontraba una pequeña jaula blanca. Ésta se
encontraba vacía a excepción de unas cuantas cosas. Anteriormente, aquella
jaula había sido el hogar de un pequeño pajarito amarillo. Le gustaba mucho ese
pequeño animal. En cierto punto, le daba la compañía que por tanto tiempo no
había tenido. Claro, nada dura para siempre. Un día despertó y no encontró a su
pequeño compañero. Por lo que pudo ver, se las había ingeniado para escapar de
la jaula y después logró salir de la habitación. Aún podía recordar aquel
sentimiento de tristeza que le había invadido al darse cuenta de que había sido
abandonado de nuevo.
Metió la mano por la entrada de
la jaula y sacó una pequeña llave de su interior. La examinó un rato y después
volteó hacia otra parte de la habitación, justo donde se encontraba una puerta
de madera. Esa puerta, lo sabía, permanecía cerrada gran parte del tiempo.
Debido a eso, no recordaba muy bien lo que había detrás de ella.
Observó nuevamente la llave en su
mano. "Ésta es la llave de esa
puerta, ¿verdad? ¿Debería intentar abrirla?" Nuevamente trató de
recordar lo que había del otro lado pero fue inútil. Aunque sabía que había
cosas que era mejor dejar sin saber, algo de ese lugar le llamaba la atención.
Sin pensarlo más, se dirigió lentamente hasta ella. Era extraño pero, a medida
que se acercaba a ella, sentía como si algo creciera en su interior. Era un
sentimiento como de pesadez, era algo difícil de describir. Aun así, decidió
ignorarlo.
Tomó la llave que tenía y con
ella trató de abrir la puerta. Segundos después, la puerta se abrió ante él,
revelando unas escaleras que bajaban a otra habitación. Como el lugar parecía
realmente oscuro, tomó una de las velas que había encima de una mesa y tras
encenderla, comenzó a descender por aquellos viejos escalones. La madera crujía
bajo su peso pero lo que le llamaba la atención era que el lugar tenía un aroma
peculiar. No sabía muy bien lo que era pero era un olor como a metal.
Siguió bajando hasta que se
encontró con el fondo de una habitación. Con la poca luz de su vela, logró distinguir
una mesa que tenía más velas sobre ella. Las encendió todas para tener mejor
visibilidad en el lugar y gracias a eso, ahora ya podía ver casi toda la
habitación.
Además de algunas cajas y la
mesa, la habitación se encontraba casi vacía a excepción de otras dos puertas
que también había. Una de ellas era enorme y parecía estar hecha de metal
mientras que la otra parecía ser la puerta de una celda o una especie de jaula
gigante.
Regresó la mirada a la mesa y
notó que sobre ella había una caja. La abrió y sacó de su interior una carta
cuidadosamente doblada. Curioso, decidió leerla. Por las palabras expresadas en
ella, se dio cuenta de que era una carta de amor.
Aquella pesadez que anteriormente
había empezado a sentir volvió pero ahora más fuerte, casi doloroso. ¿Qué era
esto y por qué se encontraba aquí? La dejó a un lado y esta vez sacó una
fotografía. "Esto es..." Abrió los ojos sorprendido cuando de repente
tuvo una visión de él mismo con las manos ensangrentadas.
"¡¿Pero qué?! ¡¿Qué había sido aquello?!" Comenzaba a
sentirse realmente nervioso. De repente un fuerte dolor de cabeza lo invadió
haciendo que cerrara los ojos por la intensidad de la misma.
"No te alejes de mí." ¿Qué? "¿Por qué no me dejas estar a tu lado?" "¿Qué es lo que
no entiendo?" "¿Qué es lo que me estás ocultando?" Esas
preguntas...esa voz...tan desconocidas pero a la vez le resultaban tan
familiares. ¿Quién era él que hacía esas preguntas? ¿Por qué sonaba tan suplicante
y a la vez tan...familiar? "¡No me
dejes!" ¿Dejarte? "Jaejoong,
te amo..." Aquello lo hizo abrir los ojos nuevamente.
"No..." Un miedo
inmenso comenzó a expandirse por todo su cuerpo. "No es cierto..."
Dirigió su mirada a la puerta que parecía ser una celda. Con pasos temblorosos
se acercó a ella. Aquel fuerte aroma que momentos antes había percibido parecía
provenir de aquel lugar.
Empujó suavemente la puerta y
ésta comenzó a abrirse pesadamente. No podía negar el miedo que ahora sentía.
Tenía miedo de saber la verdad tras aquel lugar. Cerró los ojos un momento y
tomó una bocanada de aire antes de adentrarse en aquel sitio. Se detuvo cuando
sintió que había pisado algo. Bajó la mirada y se encontró con una gran cadena
de hierro. Sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo al ver aquel objeto. Alzó
la mirada nuevamente y a paso lento siguió avanzando en aquel lugar.
Se detuvo en seco cuando notó un
extraño bulto oculto por una gran colcha oscura. Respiró hondo antes de tomar
una orilla de la colcha y comenzar a alzarla. Un grito escapó de su garganta
cuando vio lo que había debajo de ella.
"No...no...¡No!" La
imagen de aquel cuerpo ensangrentado no abandonaba su mente. Comenzó a temblar
furiosamente. "¿Por qué? ¿Por qué de
nuevo? ¿Por qué tenía que pasar por esto?"
Ya podía recordarlo todo. Había
pensado que todo aquello había sido un mal sueño, una pesadilla.
Desgraciadamente, no había sido así. ¿Cuántas veces más tendría que pasar por
todo esto? Todo por culpa de esa terrible enfermedad, por esa maldición. No
pudo aguantarlo más y dejó que sus lágrimas fluyeran libremente.
FLASHBACK.
Aquella persona había sido todo
para él, absolutamente todo. Él estuvo a su lado cuando todos los demás lo
habían abandonado. Gracias a él, aprendió a ser feliz a pesar del mal que lo
atormentaba día tras día. El conocerlo había sido pura casualidad. Una noche
había decidido salir y fue cuando lo vio.
Sintió una enorme atracción hacia
aquel apuesto hombre que había visto en aquel solitario parque. Decidió
acercarse a él y desde ese momento en el que habían compartido su primera
conversación, se habían vuelto buenos amigos. Debido a su
"condición", sólo podían verse de noche. Esto no parecía molestarle
mucho al otro. Quizás fue porque le había mentido diciéndole que sólo podía
salir de noche dado a que trabajaba durante el día. Era obvio que no podía
decirle la verdad. No quería que él se alejara de su vida. No quería ser
abandonado nuevamente.
Con el tiempo, su amistad se
estaba volviendo algo insuficiente para mí. Terminé cometiendo la peor
estupidez que se me pudo haber ocurrido...enamorarme de aquel hombre. Lo peor
de todo es que yo sabía que era correspondido. Él mismo me lo hizo saber por
medio de una confesión de su parte. Por más que lo quisiera, yo sabía que lo
nuestro no podía ser. Intenté alejarlo de mí pero él seguía regresando con más
amor y comprensión de su parte. Él que creía que tenía miedo de enamorarme de
otro hombre, nunca se imaginó la verdadera razón de mi rechazo.
Había decidido no volver a verlo.
Inclusive tenía pensado en mudarme a otro lugar. Esto lo hacía para protegernos
a ambos. No podía permitir que él supiera la verdad. Tenía que alejarme de su
vida antes de que fuera demasiado tarde. Desafortunadamente, la desgracia tocó
a mi puerta aquella noche.
Se aferró a la gran cadena de
hierro que estaba en el suelo. La misma que debió haberlo salvado pero que al
final no pudo usar. Ya sabía de antemano el peligro que representaba aquella
fecha para él. Aquella noche en la que la luna se volvía de un color carmesí,
causando que perdiera el control sobre su otro "yo".
La famosa "Luna de
sangre", conocida así por muchos, era la causante de todas las desgracias
que había vivido y también...cometido.
Durante las fechas en la que
aparecía, su otro "yo" tomaba el control sobre su cuerpo, obligándole
a cometer las peores atrocidades con tal de calmar su fuerte hambre y deseo de
sangre. Cuando eso sucedía, el perdía todo contacto con la realidad. Para él,
todo se volvía como un sueño. La parte "humana" de él desaparecía a
un lugar donde no sabía lo que estaba pasando en el mundo real. Ese verdadero "yo"
podía quedarse atrapado en ese sueño por varios días, semanas incluso.
A pesar de que la Luna de sangre
era sólo por una noche, después de que su otro "yo" terminara de
saciar su hambre, ingresaba en una etapa de sueño profundo. Durante aquella
etapa de inconsciencia, su verdadero “yo” tenía que luchar por regresar a la
realidad. El problema era que aquellos sueños tendían a ser tan hermosos y
placenteros, que era realmente difícil querer abandonarlos. Cuándo por fin
lograba despertar, lo hacía de regreso en su habitación.
Como si estuviera bajo los
efectos de alguna amnesia, casi todos sus recuerdos eran borrados por un lapso
indefinido de tiempo. Esta vez hubiera deseado que todos sus recuerdos se
hubieran quedado en el olvido. Quizás así el dolor sería más soportable.
Como la escena de una película,
fue capaz de revivir los últimos momentos que tuvo con la única persona que
llegó a amar.
Había preparado aquella celda con
anterioridad precisamente para aquel momento en el que la Luna de sangre haría
su aparición nuevamente en el cielo oscuro.
Un extremo de aquella gran cadena
de hierro que tenía entre sus manos, estaba conectada a la pared de concreto
mientras que del otro lado había un grillete. Aquel grillete estaría sujetado
bajo llave alrededor de uno de sus tobillos. Esto lo haría así para evitar
escapar al exterior a cometer otra masacre.
Justo estaba terminando de
acomodar todo lo que necesitaría durante su "despertar",
cuando escuchó una voz que para su horror era la de él. Lo vio asomarse en la
entrada de aquel sótano. Cuando sus ojos se encontraron, él comenzó a descender
por aquellas escaleras. Esto lo horrorizo tanto que salió corriendo hacia el
interior de aquella gran celda, cerrando la puerta con fuerza tras de sí.
"Jaejoong, sal de ahí. Tenemos que hablar." El mayor negó
varias con la cabeza.
"No tenemos nada de qué hablar. Por favor, retírate."
"No te preguntaré la razón por la que tienes una celda gigante en
tu sótano porque hay cosas más importantes que quiero discutir contigo. Por
favor, escucha lo que tengo que decir.”
"¡No quiero hacerlo! ¡Por favor vete!"
"¡No me iré de aquí hasta que accedas a hablar conmigo! Dime, ¿tanto
te molestó que fuera gay como para que ahora te alejaras de mí? ¿Tanto repudio
te causó?"
"No es eso."
"¿Entonces?"
"¡Es que yo no siento lo mismo por ti!" Una sonrisa
sarcástica apareció en el rostro contrario.
"No me mientas. Yo sé que me amas. Lo puedo ver en tu mirada. Tú
me quieres tanto como yo a ti, ¿por qué no lo quieres aceptar? ¿Por qué me
sigues rechazando?" Le dolía ver la tristeza en el rostro del menor,
odiaba tener que hacerle esto pero, era algo que tenía que hacer. No quería que
algo malo le pasara. Quería protegerlo a toda costa.
"¡Yo no puedo amarte!"
"¿De qué tienes miedo?" De mí mismo.
"¡Es que yo no soy como tú!" En este punto ya se sentía
al borde de la desesperación. En cualquier momento comenzaría su transformación
y el otro seguía ahí. ¡¿Qué tenía que hacer para sacarlo de aquí?! El menor
sólo lo miraba confundido.
"¿A qué te refieres con eso?"
"Es difícil para mí explicarlo. ¡Sólo vete!"
"¡Ya te dije que no me iré de aquí hasta que me digas la
verdad!"
"Minnie..." Cerró los ojos con fuerza tratando de retener
las lágrimas que amenazaban con salir. "No
puedo amarte...yo no soy como los demás."
"Claro que no lo eres, por eso te quiero." El mayor negó
suavemente.
"No. Me refiero a que soy diferente."
"¿De qué estás hablando?"
"No soy bueno para ti. A donde quiera que vaya sólo traigo
desgracias. Esa es la maldición que eh llevado conmigo desde mi nacimiento. No
podrías entenderlo porque no estás en mi piel. Sin importar cuanto rece y grite
por salvación, yo sé que eso es algo imposible para mí. Sólo las personas
buenas pueden ser felices. Yo no te merezco Min. Si te estoy alejando es porque
no quiero lastimarte. Yo ya no tengo esperanzas pero tú aún puedes salvarte.
Vete ahora mientras aún puedas. Vete y sé feliz."
"Jaejoong..." El mayor se dio la vuelta dándole la
espalda.
Lentamente comenzó a caminar al
fondo de la celda cuando un extraño sentimiento lo detuvo. De repente, un
fuerte dolor de cabeza se hizo presente en su cuerpo causando que se doblara
por el dolor.
"¡Jaejoong! ¿Estás bien?" Escuchó como la puerta de la
celda se abría detrás de él.
"¡No abras la puerta! ¡No te acerques!" Aquellos gritos
desesperados por parte del mayor lo hicieron detenerse. Una expresión confundida
adornaba su rostro.
Era claro para el menor que el
pelinegro estaba sufriendo en ese momento, ¿por qué no lo dejaba acercarse? ¿Por
qué tanta insistencia en que se fuera? No entendía nada.
Por su parte, el pelinegro
intentaba frenar lo que no podía ser detenido. Podía sentir el poder de la Luna
carmesí caer sobre él. El inicio de su transformación había comenzado y
desgraciadamente, sabía que era cuestión de tiempo antes de que su verdadera
naturaleza volviera a salir sin que el pudiera controlarlo.
Sintió sus colmillos volverse más
largos, más filosos. Por inercia, cerró su boca con fuerza. Esa acción causó
que éstos se clavaran en sus labios, sacándole un poco de sangre. Rápidamente
su lengua salió para limpiar aquel rojo líquido. El intoxicante sabor de éste
fue el detonante que hizo explotar la poca cordura que le quedaba.
El final de su transformación
había llegado. Ya no era el mismo. Su verdadero "yo" se había ido.
Quizás ahora mismo se encontraba vagando en un mundo diferente a este. Un mundo
en donde una falsa realidad lo esperaba. Aun así, sabía que ya volvería. No
podía estar bajo los efectos de la Luna de sangre por siempre. Mientras tanto,
aprovecharía el momento para saciar aquel inmenso apetito que había acumulado
con el tiempo desde la última vez.
Escuchó un ruido detrás de él
pero no volteó para que aquel hombre se acercara aún más a él. Podía escuchar
los pasos ajenos volverse cada vez más cercanos. El aroma de su piel era
sumamente delicioso. No podía esperar a encajarle los colmillos a aquel hombre
que pronto se convertiría en su primera víctima.
Escuchó un grito detrás de él que
lo hizo sonreír con maldad. Aquel hombre acababa de descubrir los dos cuerpos
que tenía en ese mismo espacio. Los cuerpos sin vida eran los de un suicida y el
de un accidentado. No le sorprendía saber que el otro "yo" le había
dejado aquellos cuerpos precisamente para que no saliera a cazar su propia
comida. Él sabía muy bien que el otro no era capaz de matar a una persona. El
muy débil se alimentaba únicamente de los cuerpos de personas y animales que
encontraba ya muertos. Por su parte, le gustaba su comida fresca. Esos cuerpos
le servirían como postre pero el plato fuerte seguía siendo ese sujeto.
"Jae-Jaejoong?" Sintió su sonrisa agrandarse ante aquella
temblorosa pregunta. Decidió darse la vuelta y cuando lo hizo, no pasó
desapercibido la mirada sorprendida y asustada de aquel joven al verlo.
"¿Jae-Jaejoong?!" El menor lucía claramente asustado de
verlo. Sin dejar de sonreír, comenzó a avanzar lentamente hacía él.
"Le hubieras hecho caso a Jaejoong. Intentaba protegerte pero no
le hiciste caso."
"¿Quién eres?"
"¿Yo? Yo también soy Jaejoong. Soy otra parte de él...su otro "yo"."
El menor se dio la vuelta tratando de escapar pero el otro fue más rápido.
"¡Por favor déjame ir! No le diré nada a nadie de lo que vi
aquí."
"Eso no me interesa. Lo que quiero está justo enfrente de mí. No
te preocupes, pronto tu alma se irá a un mejor lugar." El menor miraba
aterrorizado su reflejo en aquellos brillantes ojos rojos que lo miraban con
hambre y deseo. Pronto sintió algo largo y filoso clavarse en su cuello
haciendo que cerrara los ojos con fuerza.
Pasó los últimos momentos de su
vida pensando en aquel hombre que tanto amaba. Ahora entendía la razón por la
que el otro quería alejarlo. Él quería protegerlo de su otro "yo".
Aunque nunca se lo hubiera dicho, él sabía que el otro lo amaba también.
Una pequeña lágrima rodó por su
rostro. "¿Viviste toda tu vida así?
Alejando a todos de tu lado por miedo a lastimarlos. Aferrándote a la soledad
porque en tu opinión era lo mejor para todo el mundo. Debiste sufrir mucho, ¿verdad?
Me pregunto si de verdad no tendrás salvación. A pesar de tu condición, siempre
pensaste en los demás. Yo que llegué a conocerte, estoy totalmente convencido
de que eres bueno. Ésta persona que ahora me está arrebatando la vida...yo sé
que no eres tú. Quizás no me puedas escuchar pero, mis sentimientos por ti
seguirán fuertes e intactos aún después de la muerte. En donde quiera que me
toque estar, yo te estaré esperando. Si existe la posibilidad de volver a nacer
en otra vida, deseo que nuestros caminos se vuelvan a cruzar."
Segundos después, su cuerpo ahora
sin vida cayó pesadamente a los pies de su asesino.
FIN DEL FLASHBACK.
El pelinegro seguía llorando sin
consuelo alguno. Lo había perdido y ésta vez era para siempre. Lo que tanto
había temido se había vuelto una realidad. Su maldición le había hecho acabar
con lo que más le importaba en el mundo.
Todo esto había sido por su
culpa. Si se hubiera mudado como lo había planeado, él todavía seguiría con
vida. Ahora era demasiado tarde para arrepentirse. Ya no podía soportar seguir
viviendo así. Tenía que acabar con ese doloroso tormento. Ya había sufrido
bastante. Ya habían sido demasiados los golpes que le había dado la vida. Era
el momento de liberarse de todo esto.
Se levantó del suelo y caminó
hasta la mesa de aquella habitación. Tomó una pequeña caja plateada que estaba
sobre ella y se la llevó consigo hasta la gran puerta metálica. Tomó la manija
de ésta y la abrió.
La luz del sol le calaba los ojos
pero aun así decidió salir. Podía sentir los rayos del sol quemarle la
piel pero aquel dolor no se comparaba en
nada con el que sentía adentro. Abrió la caja y de su interior sacó un cuchillo
negro con plata. Aquel objeto era un cuchillo especial de sacrificio que anteriormente
había sido utilizado para matar a aquellos que eran como él. Ahora sería usado nuevamente para su propio
sacrificio.
Tomó el filoso objeto y con
fuerza se lo clavó en el pecho, justo donde se encontraba su corazón. Aquel
sacrificio lo liberaría de su maldición. El cuchillo lo mataría y el sol se
encargaría de deshacer su cuerpo hasta convertirlo en polvo. No quedaría
absolutamente nada de él.
A medida que pasaban los
segundos, el respirar se hacía cada vez más difícil. Sonrió tristemente al
recordar a su gran amor. "Espero que
algún día puedas perdonarme. Te amo Changmin." Aquellas fueron sus
últimas palabras.
Lo último que vio fue la hermosa
naturaleza frente suyo a la par de un brillante cielo azul. Sería la primera y
última vez que vería aquel bello escenario. Agradecía que al menos tuviera la
oportunidad de verlo en carne propia. A pesar de todo, él llegó a conocer el
amor y el sentimiento de felicidad. Su vida no había sido tan mala después de
todo. Sonrió una última vez antes de caer al suelo sin más fuerzas que pudieran
seguir sosteniéndolo. Momentos más tarde, cerró sus ojos para no volverlos a
abrir jamás.
Nota de la autora:
No saben lo mucho que me costó escribir esto. Generalmente no me gusta incluir muertes en mis fics porque me deprime pensar en "matar" a uno de mis Shinkis, pero cuando vi el vídeo de "Flame" de Choa (AOA), no pude resistirme a recrear la trama del vídeo con mis propias ideas.
Espero que les haya gustado el fic. Los comentarios son más que bienvenidos, me alientan a continuar escribiendo. ¡Gracias por leer! :D
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